lunes, 10 de octubre de 2011

Emma The Strange

Es simple. Tan fácil como que, soy mitad humana, mitad no sé qué bicho. Y lo mejor, no puedo controlar en que momento soy más persona y en cual menos. Pero bueno, vivo con ello.
Acabo de despertarme y me he encontrado la cocina patas arriba y un montón de balquio por el suelo. El balquio es lo que hace que sea menos humana. Así que supongo que en algún momento de la noche me volví loca y armé esto.
No es que sea peligrosa, es que simplemente me cargo a la gente si se me acercan. Todavía no se ha dado la ocasión en la que haya podido controlar el instinto. Por eso vivo sola. Bueno, acompañada de mi otra mitad asesina y del idiota de mi amigo el científico, que me trata como si fuera una rata de laboratorio. Que ignorante… Como a mi otro yo le dé por matarlo, ya verá.
Tengo diecisiete años, pero no voy al instituto. No sería muy guay protagonizar la matanza del siglo sin darme cuenta rodeada de mis antiguos amigos.
Sí, antes tenía amigos, no demasiados, pero algunos. Antes era normal. Lo que pasa, es que si un día cualquiera de tu normal vida estáis viendo una película, y de repente te levantas y matas a uno, los demás como que intentan sobrevivir y huyen de ti el resto de sus vidas.
Fue así, de repente. Nunca antes me había pasado. Y cuando te quieres dar cuenta, eres buscada por la policía de todo el mundo, tienes que abandonar a los que te quieren y el día que menos te lo esperes acabas con medio país. Esto es así. No sé por qué yo, nunca había sido agresiva ni violenta.
-Ems, pon la televisión, rápido.
A ver que quiere este ahora.
-Emma. Hazlo.
-Eres un pesado, doctor.
-No me llames doctor, soy científico.
-Vale.
-Pon la televisión.
Me levanto de la cama, me desperezo y enciendo el trasto ese al que Jacob, mi amigo,  y yo llamamos televisor, por no llamarlo chatarra.
“La policía se ha acercado hasta el lugar del suceso. Los sobrevivientes que han podido reconocer al asesino colaboran en estos momentos a la identificación del susodicho.  La masacre ha ocurrido a pocos kilómetros de la capital…”
-No lo entiendo Jake, no es la primera matanza de este país. Tampoco es tan raro como para que te comas el coco.
-Ya, pero es la cuarta en los alrededores en las dos últimas semanas.
-¿En serio? ¿Por qué no me lo habías dicho?
-No lo vi importante. Pero ahora es sospechoso.
-Esperaremos. Si oyes algo más, avísame, ¿vale?
-Claro. Estaré alerta.
-Genial. Oye, me voy a dar una vuelta.
-¿Quieres que vaya contigo?
-No hace falta, me siento bajo control.
-Ya…
-Adiós. Nos vemos en la cena.
Cojo el coche para dar una vuelta y llego hasta la capital. Al bajar de coche algo me llama la atención. Es… balquio. Hay balquio en el suelo y yo no he sido. No es posible. Busco el móvil en mi bolso y marco su número.
-¿Sí?
-Jake, hay balquio en el suelo y yo no he hecho nada.
-No jodas… ¿Seguro que no has entrado en trance?
-Seguro.
-Vale. Pues… Date una vuelta a ver si ves algo raro y eso.
-Sí, adiós.

Llevo dos horas buscando lo que sea y ni rastro de nada. Vaya mier…
-Oh, perdona. – me dice un chico al chocar contra mi hombro. - ¿Estás bien?
-S-sí.
Al alejarse, me doy cuenta. ¡Tiene balquio en la camiseta!
-¡Perdona! – Espero no arrepentirme de lo que voy a hacer.
-¿Sí?
-¿Te apetece tomar un café? – “Qué diga que sí, que diga que sí.”
-Eh… De acuerdo.
¡Bien! Este tío es raro, tengo que enterarme de quién es.


Meto la mano en mi bolso buscando las llaves para abrir la puerta del piso. Mierda, no las tengo, me las he dejado dentro de la casa. Aporreo la puerta esperando que mi compañero lo oiga.
-¡Jacob! Soy yo.
-¡Estoy ocupado, Ems! ¡No puedo abrirte!
-Joder, que me abras. Estoy de los nervios, te aviso.
-Tranquilízate, ¿vale? Espera un momento, ahora voy.
Noto como el corazón empieza a latirme más rápido. Y de repente, todo es negro.

-Despierta, Emma. ¿Cómo estás?
-¿Qué ha pasado? – digo con la voz ronca, totalmente desorientada.
-Has entrado en trance. No me has hecho nada.
-¿De verdad? ¿Cómo me has parado?
-Te dije que estaba ocupado para que te enfadaras. Estaba esperando a que te “desmayaras” para poder probar el nuevo aparato que he construido.
-¡¿Qué?! ¡Estás loco! Podría haber matado a cualquiera. Podría haber protagonizado otra masacre. ¿Crees que está el momento para esas cosas?
Hace un mes desde la primera matanza que nos llamó la atención en la capital. Desde entonces ha habido siete más en los alrededores.
-Lo siento, de verdad. Pero tenía que probarlo. ¿No quieres saber qué es?
-No, déjame. Eres un capullo.
-Vamos… Sé que quieres verlo. – y me sonríe con esa forma tan suya que consigue convencer a cualquiera.
-Que me dejes.
-Venga… Es increíblemente fantástico-buloso.
-Tonto…Vale, enséñamelo.
Se ríe y me acerca  una especie de pistola.
-¿Qué es?
-Dispara electricidad. Como una de esas pistolas láser de las pelis. Consigue que se te paralice el cuerpo y te devuelve a la realidad. A partir de ahora podremos controlar tus ataques.
-¡Esto es increíble! – salto del sofá y me abrazo a él como si fuera un mono.
-Vale, vale. De nada.
De repente, un escalofrío atraviesa mi tripa. Y no sé por qué, aprieto mis labios contra los suyos.
-Dios. Lo siento, no sé por q…
Antes de que pueda acabar la frase, es él el que me besa. En cuanto recupero el control, me separo de su cuerpo.
-Lo siento, ya sé que he empezado yo, pero esto no puede pasar. Eres la única persona que tengo en el mundo, no puedo estropearlo.
-¿Y quién dice que sería estropearlo? Tú también eres lo único que me queda.
-En serio, Jacob. Aunque ahora te parezca mal, cuando pasen dos días te darás cuenta del error que podría haber sido.
Su mirada de súplica hace que mi muralla se derrumbe. Y él lo nota, y vuelve a atrapar mis labios.
Dos horas después, me despierto en el sofá con Jacob a mi lado. Soy tonta por dejar que esto pase.
Todavía tengo que seguir con lo de los asesinatos. El chaval que me encontré con balquio en la camisa no era más que alguien que se había ensuciado de él (aunque no lo supiera ni lo viera). Así que tengo que buscar al responsable de esto.  Jake ha descubierto que cuando entro en trance, algún tipo de impulso me lleva a acercarme al lugar donde ha ocurrido la última masacre. Ya me ha pasado varias veces. Así que, en cuanto sepa de algún asesinato más, me “desmayaré  a propósito” para intentar encontrar al culpable gracias a mis instintos.
Unos días después, nuestro plan se pone en marcha. Por la noche, he estado muy inquieta, incluso he llegado a darle patadas a Jacob, que ha dormido conmigo porque tenía miedo de que me levantara sonámbula.
Son las 9:32, y me muero de hambre. Así que, me preparo un café y una tortilla francesa. Prácticamente, la engullo. Cuando aún tengo comida en la boca, empiezo a marearme y se me nubla la vista. Los músculos se me agarrotan, y un dolor que me perfora la cabeza hace que acabe en el suelo.
-Jake… No me dejes sola.
Mi intención es gritar, pero el sonido de mi voz es más bajo que un susurro, y no parece que él esté en la habitación. Y otra vez, todo vuelve a la oscuridad de la inconsciencia.
La claridad me molesta en los ojos y aprieto los párpados, todavía cerrados. Noto como alguien se mueve cerca de mí. Instintivamente, me incorporo de un salto. Un chico alto y grande me mira fijamente.
-No te voy a hacer nada, tranquila.
-¿Quién eres?
-Bruno.  – mientras habla, se va acercando lentamente a mí.
-Si aprecias tu vida, deja de acercarte.
Se ríe de mi respuesta como si creyera que soy un inofensivo gatito.
-Sé lo que hago. Y sé lo que tú haces.
-¿Por qué estoy aquí? – Me mira inocentemente. Pero me pone nerviosa. - ¿Cómo he llegado aquí?
-Verás… No voy a decirte nada hasta que no te calmes.
-Me calmaré cuando contestes a mis preguntas.
-Hay gente en peligro solo por el hecho de que te haya salvado el pellejo. Así que baja esos humos.
Las manos me arden y las lágrimas de rabia se acumulan en mis ojos.
-Aléjate. Escóndete. – le digo mientras empiezo a marearme.
-¡No lo hagas! Respira, no pienses en eso.
-¿Qué?
Viene corriendo hasta mí, y aunque intento esquivarlo, me tira al suelo y me inmoviliza.  Uno de sus dedos me presiona la nuca con una fuerza brutal. Y no sé porque, me calmo.
-¿Cómo lo has hecho?
-Por fin… Creí que tendría que hacerte daño.
-¿Daño? ¿Tú a mí?
-Podría. Bueno, ¿quieres saber por qué estás aquí, o qué?
Me suelta y me ayuda a levantarme. Una punzada de dolor me atraviesa el brazo.
-¡Me has sacado el hombro!
-Oh, perdona. No te preocupes. – Me rodea el brazo con las manos, y con un movimiento seco, vuelve a ponerlo en su sitio. Se me escapa un gemido que hace que se ría. Idiota.- Hace un par de horas, te he encontrado en la calle. Has matado a un grupo de excursionistas y la policía te estaba buscando como loca. Te he traído aquí.
Se me forma un nudo en el estómago. Este tío ha descubierto mi secreto.
-¿Quién eres?
-Como ya te he dicho, soy Bruno.
-¿Y cómo es que no te he matado?
-Soy más fuerte que tú. Solo he tenido que inmovilizarte. –Al ver mi cara de desconcierto, intenta explicarse. - ¿Conoces a alguien más como tú?
-No.
-Yo lo soy. Vivo con cuatro más, todos como nosotros.
-Eso es imposible.
-Si fuera imposible, ahora mismo yo estaría muerto porque tú me habrías matado. Ya sé que suena increíble, pero es verdad. Hace unos años, cuando empezó todo esto para mí, me dediqué a buscar gente que me ayudara. Y encontré a mis cuatro compañeros.
-¿Y no os habéis matado entre vosotros?
-No. ¿Por qué íbamos a hacerlo?
-Pues no sé, quizá porque, si de verdad sois como yo, os dan ataques y matáis gente. – mi voz está cargada de sarcasmo.
-Los controlamos.
-¿De verdad?
-Sí. Es fácil.
Esto es demasiada información de golpe para mí. Llevo toda mi vida prácticamente sola, y ahora me entero de que podría haber estado con más gente.
-¿Sabes por qué nos pasa esto? – me tiembla la voz a causa de la emoción.
-No.
-¿Cómo controláis los ataques?
-Presionando justo en un punto de la cabeza, se presiona un nervio que lo para. Antes he evitado que me mataras así.
Mi móvil empieza a vibrar en el bolsillo. El tono asignado a Jacob inunda la habitación.
-Tengo que irme, me están buscando.
-¿Quién?
-Mi compañero de piso barra amigo.
-¿Vives con un tío normal sin saber controlarte?
-Bueno… Sí. Pero hemos encontrado una manera de pararlo con descargas eléctricas. Es… doloroso, pero ha salvado muchas vidas.
Se ríe disimuladamente.
-Tengo que irme. – Suspiro.
-¿Vas a venir a vernos? Creo que te vendría bien estar con nosotros. Aprenderías a controlarte y harías amigos.
-Sí, pero no sé llegar aquí.
-Eh… No te lo puedo decir hasta que no aprendas a dirigir tus ataques, podrías venir aquí y liarla… Te daré mi número.
Le doy mi móvil para que lo apunte.
-¿Tenéis vosotros algo que ver con las matanzas de estos últimos meses?
-La última la has hecho tú, hace unas horas. Pero las otras han sido por alguien a quien no conocemos. Lo estamos buscando.
-Vale, gracias.
-Te llevo a casa.
-¿En serio?
-Sí. Tengo coche. Además, no puedes saber dónde vivimos.
-Ah.
Media hora después, me bajo del coche de Bruno después de darle las gracias por todo. Las piernas me tiemblan, pero consigo llegar hasta la puerta de mi casa sin derrumbarme. Al tercer intento, consigo meter la llave en la cerradura.
-¡Emma! Por fin estás aquí. Me he recorrido toda la ciudad buscándote. He vuelto pensando que quizás tú estabas aquí pero no, y…
Las lágrimas que empapan mi cara hacen que se calle. Aunque tengo la vista borrosa, puedo ver la preocupación en su rostro. 
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
En dos pasos, está a mi lado cogiendo mis manos.
-Cuéntamelo, por favor. Déjame ayudarte.
-He… matado a unos turistas.
-Eh, no pasa nada. No es tu culpa, Ems.
-Sí, es mi culpa, los he matado yo. Además, hay gente que lo controla.
-¿Cómo?
-Que sí. Un chico me ha recogido cuando estaba inconsciente. Él y sus amigos son igual que yo, pero saben controlar sus ataques. – empiezo a llorar otra vez.
-Bueno, ya hablaremos de eso. Vamos.
Me rodea los hombros con el brazo y me lleva hasta la habitación. No tengo fuerzas. El agotamiento y la tensión pueden conmigo. Nos tumbamos en la cama, me aovillo y él me abraza.
-Jake, tengo miedo de hacerte daño. – Frunce el ceño y me mira. – He pensado en irme con los chicos que te he dicho antes.
-¡¿Qué?!
Silencio incómodo.
-Jacob…
-¡No! No me vas a hacer daño. ¡Estamos juntos en esto! No lo hagas…
-Es solo por tu bien. Podría matarte en cualquier momento.
Se incorpora para mirarme a los ojos.
-Ems, escúchame bien. – Rehúyo su mirada, pero él me hace volver a mirarle girándome la barbilla. – Si hubiera tenido miedo de que me mataras, me habría ido en el momento en que te conocí. Pero, ¿sabes lo que ha pasado? Que me he quedado. He renunciado a todo para estar contigo. Y creo que no hace falta que te lo diga pero, te quiero. Así que, por favor, piensa bien lo que vas a hacer.
¡Diana! En toda la fibra sensible. Esto lo hace todavía más difícil. ¿Cómo se puede responder a sus palabras sin destrozarlo? En verdad, sí que lo sé. Es fácil, solo tengo que contarle lo difícil que se me hace estar lejos de él, lo que sufro cada vez que vuelvo a estar consciente  después de “desmayarme” y no sé si él está bien.  Pero si lo hago, también será difícil para él. Y yo no quiero eso.
-Voy a probar a vivir con ellos. Solo un mes, te lo juro. Después, veremos lo que es mejor.
-No me hagas esto… Por favor.
-Es solo un mes.
-Llevo dos años viéndote TODOS los días. Preocupándome por ti. ¿Cómo quieres que no lo haga a partir de ahora?
Mientras habla, preparo una maleta con algunas cosas.
-Voy a pasar la noche en un hotel. Necesito estar sola para aclararme las ideas. Jacob, esto va a ser más rápido de lo que crees. Antes de que te des cuenta, estaré aquí otra vez.
-De lo que tengo miedo es de que cuando pase ese mes, elijas irte.
No tengo respuesta para eso. No puedo prometerle que volveré.
Aguantando las lágrimas, le beso. Es lo único que puedo decirle ahora. Noto sus labios como el hielo, y veo que ese es el momento. Cojo la maleta, y salgo por la puerta intentando con todas mis fuerzas no mirar atrás.

Hay veces en las que desearías no saber algunas cosas. Otras veces en las que desearías no conocer a algunas personas. Y hay veces en las que desearías no haber nacido.
Y aquí estoy yo, en el coche de Bruno camino de su casa. Y mi corazón… Bueno, mi corazón se quedó ayer en mi casa cuando cerré la puerta.
-Seguro que te adaptas bien. En un par de meses empezarás a controlarlo.
-¿Meses? ¡Creí que eran semanas!
-Hay que tener paciencia, Emma. Esto es nuevo para ti.
-Pero le dije a mi amigo que en un mes lo dominaría.
-¿Pretendes volver?
-Sí.
-¿No prefieres vivir con gente como tú?
El recuerdo de la sonrisa de Jake me duele.
-No lo sé.
Un rato después, empiezo a deshacer la maleta. Voy a dormir en el cuarto de Bruno porque “así puede ayudarme hasta que me controle”. Oigo unos pasos y veo de reojo a una chica apoyada en el marco de la puerta.
-Ah, hola. Yo soy Emma.
-Ya. ¿Vas a dormir aquí?
-Sí. Bruno dice que es… -levanta la mano para que me calle.
-Oye, déjalo en paz.
-¿Qué?
-Lo que has oído. No te acerques a él. Es mío.
-¿Tuyo?
-Es mi novio. Así que ya sabes. – Se gira y se va sin más.
Que tía más borde…  Espero no tener problemas con ella. ¿Acabo de llegar y ya tengo enemigos?
-Hola. ¿Cómo vas? – sin que me haya dado cuenta, Bruno ha entrado en la habitación.
-Bien, gracias.
-Es muy tarde ya. Son cerca de las dos de la madrugada, así que me voy a la cama. – sonríe y veo por primera vez sus perfectos dientes.
-Yo también. Estoy cansada.

Ya han pasado casi tres semanas desde que me separé de Jacob. Está siendo más duro de lo que imaginaba. Cada día, me paso horas mirando el teléfono, deseándolo oírlo sonar. Pero le pedí que no me llamara, y no lo ha hecho. La única distracción ha sido Bruno y sus “clases”. Hemos avanzado. Ahora, puedo desatar mi otro yo cuando quiero, aunque todavía no consigo evitarlo cuando no quiero. Al menos, no he matado a nadie más desde que vine.
-Hola. ¿Qué haces ahí tirada? ¿No deberías estar practicando? – bromea Bruno. Me ve en la cama, pero a mil kilómetros de aquí. Y se tumba a mi lado. Me pasa las manos por el pelo. ¡Pero qué hace!
-No creo que esto le guste mucho a Irma. – su novia.
Me muevo en la cama intentando alejarme de él, aunque en verdad,  lo que siento cuando me toca, no quiere que lo haga. Un temblor eléctrico me rodea cuando me acaricia el cuello. Se acerca a mí y apoya sus labios en los míos con delicadeza. Me envaro. Y dos cosas pasan a la vez. La imagen de Jake me invade la mente; y una terrorífica Irma entra en la habitación.
Bruno se levanta de un salto, pero yo me he quedado paralizada. Él habla.
-Irma. – ella se marea y se apoya en la pared. – Contrólate. Sal de aquí.  
-Estoy bien.
Y tras mirarnos a los dos con los ojos inyectados en veneno, se va corriendo.
-Lo siento, Emma.
Sigo sin poder moverme, tirada en la cama.
-Jake.
-¿Qué?
-¿Sabe Irma con quién vivía yo?
-Sí… - contesta desconcertado.
-Joder…
Salgo de la habitación como una bala y me monto en el coche de Bruno. Arranco y conduzco como nunca lo he hecho. La aguja pasa del ciento cincuenta.
En menos de diez minutos llego a mi casa, que no he vuelto a pisar desde hace tres semanas. Salgo mientras el coche está prácticamente en marcha.  Corro hasta la puerta y la aporreo.
-¡Jacob! ¡Abre! ¡Soy Emma!
Lo oigo correr por las escaleras y en unos segundos abre la puerta.
-¡Emma! ¿Qué pas…
Antes de que termine de hablar, lo empujo hacia el interior de la casa y lo abrazo.
-Escúchame, Jake. Una de las chicas que vive con Bruno viene hacia aquí.
-¿Por qué?
-Quiere matarte. -Su cara se vuelve blanca. – Te lo explicaré más tarde. Ahora tienes que esconderte. Yo voy a enfrentarme a ella.
-No voy a dejar que hagas eso.
-¡Sí! No empieces, tienes que irte. Lo único que necesito es tu invento, el que da descargas.
-No es seguro que funcione. Solo lo hemos usado cinco veces. Y sólo contigo.
-Por favor, confía en mí. Durante estas tres semanas he estado trabajando con mis ataques, los voy controlando y a veces puedo ver y oír mientras estoy en trance.
-¿No entiendes que no podría respirar sabiendo que te he dejado aquí sola?
-Se nos acaba el tiempo.
-No cederé.
-¡Jake! – resoplo, me pone de los nervios. – Vale, lo haremos así. Tú te escondes con la pistola de descargas y yo intento hablar con ella.
-No…
-Sabes que no hay otra opción. – Se resigna y agacha la cabeza, dándome la razón. – Si me pasa algo, corre. Corre con todas tus ganas. Ponte a salvo. ¿Vale?
Asiente.
-Emma…
-Para. Vete ya. – se gira para irse.  Le cojo del brazo y lo abrazo con fuerza.
-Vuelve, por favor. – me ruega.
Él corre hacia la casa y yo me preparo. Tal y como me enseño Bruno, entro en trance, pero es diferente esta vez. Siento totalmente mi cuerpo. Puedo ver, oír, hablar.
De pronto, Irma aparece en mi campo de visión.  Está en trance. Al llegar hasta mí, se para.
-Irma, no quiero a Bruno.
-Mentira.
-De verdad…
-Ah, ¿y lo de la cama?
-Sabes que en un principio me gustó. Y que me costó separarme de él. – un escalofrío me atraviesa al recordar que Jacob lo está escuchando todo. – Pero ya no. Se me ordenaron las ideas. Ya lo sabes.
-¡Mentira!
Se abalanza sobre mí y me aplasta contra el suelo.
-¡Irma!
-Lo voy a matar a él. Vas a saber lo que se siente. Y luego te mataré a ti.
-Él no tiene ninguna culpa de lo que ha pasado.
-Ni yo de que te encapricharas de mi novio, zorra.
Me golpea la cabeza contra el suelo y corre hacia la casa.
Con la vista nublada, veo desde el suelo como mi amigo dispara contra la chica. Pero no funciona... Tengo que salvarlo.
Me levanto como puedo y corro detrás de ella.
-¡Jake, huye!
Salto contra Irma para frenarla, pero ella, más rápida que yo, me golpea con todas sus fuerzas y caigo al suelo como un peso muerto. Se me nubla la vista aún más y pierdo la consciencia.

Abro los ojos sin saber dónde estoy.
-Emma. Menos mal, estás viva.
¿De quién es esa voz? Que dolor de cabeza tengo.
-¿Cómo estás?
Quien está hablando, se acerca a mí. Es Bruno.
-Bruno… ¿Qué ha pasado?
Antes de que pueda contestar, todo vuelve a su sitio. Los últimos minutos anteriores a mi desmayo se reproducen en mi mente.
-¡¿Dónde está Jacob?!
-Emma.
-¡¿Qué ha hecho Irma?!
Me pone en la mano de la boca con un movimiento casi invisible.
-Déjame hablar. – Suspira cuando dejo de luchar contra él. – Tu amigo está bien. Bueno, está herido. Pero sobrevivirá.
-¿Irma? – intento decir debajo de su mano.
-Ya no va a molestar más. Ha… muerto. – Los ojos se me abren como platos. – Cuando llegué, estabas en el suelo. Creí que no te volvería a ver respirar. Y vi a Irma atacando a tu amigo. Intenté pararla pero, en el forcejeo… Entre en trance sin darme cuenta. No ha sobrevivido.
-¿Qué le pasa a Jake?
-No pienses ahora en eso, está bien. Lo que importa ahora eres tú. – Me sonríe nervioso.
-Verás, Bruno…
Me quedo sin palabras antes de acabar la frase. Y el aprovecha la ocasión para besarme. Pero… es diferente a lo que esperaba. ¿No era esto lo que estaba esperando desde hace dos semanas? ¿Por qué no siento nada?
-¿Qué te pasa? ¿No te gusto?
¿Cómo puede un chico tan seguro de sí mismo preguntarme eso a mí?
-No es eso. Me gustas. He deseado este beso durante días.
-¿Entonces? – imagino lo que piensa. Sabe que Jake es muy importante para mí.
-Tengo que ver a Jake para saberlo. Me gusta mucho.
Hace una mueca que refleja su dolor, pero me ayuda a levantarme y me acompaña escaleras arriba, hasta la habitación de mi amigo. Luego, vuelve abajo.
Golpeo la puerta del dormitorio con los nudillos.
-¿Se puede?
Me ve y se intenta incorporar en la cama. Al verlo sonreír se disipan todas mis dudas.
-Claro, te estaba esperando.
Me siento en la cama, a su lado.
-Estás hecho polvo, chico.
Me fijo en él. Tiene el cuerpo lleno de moratones y arañazos, y una gran herida en el pecho. La miro fijamente.
-No es nada, no te preocupes. Me arañó. ¿Cómo estás tú?
-Mareada. Pero feliz.
-¿A qué se debe eso? Además de a que estás viva, claro.
-A que tú también lo estás. – no puedo evitar devolverle la sonrisa. – Siento todo lo que ha pasado. De verdad, me odio por haberte metido en esto.
-Vamos… Me lo he buscado yo solito.
-No intentes que me crea eso. La he liado yo. Irma quería matarte porque estaba celosa por mí. No sé si lo escuchaste antes… – Yo sé que lo oyó. Sus ojos me esquivan al recordar la verdad. –  Ha habido química entre Bruno y yo.
-¿Vas a irte con él?
Me mira a los ojos suplicando una respuesta. Deseando saber qué va a pasar.
-Cuando Bruno me besó, tu rostro inundó mi mente, no el suyo. Sólo he necesitado verte una vez más para saber que no puedo estar lejos de ti más tiempo. Lo que más he deseado estas tres semanas ha sido que sonara el teléfono para escuchar tu voz.
Le miro. El labio inferior le tiembla, como siempre cuando está eufórico. Me río y él sonríe de oreja a oreja.  Le cojo la mano y entrelazo mis dedos con los suyos.
-Te quiero. 

domingo, 26 de junio de 2011

Historia de un suicidio (Completa)

Subo un pie y después otro. Me tiemblan las piernas. Mejor dicho, me tiembla todo el cuerpo. Los recuerdos me invaden. Las lágrimas cruzan mi cara hasta que caen al eterno olvido.
Me inclino hacia delante para comprobar que no hay nadie cerca. Una oleada de dolor me invade al recordar.
Una sucesión de recuerdos pasa por mi mente. Veo a mis padres, a mi perro, a mi familia, a mis amigos. Podría decirse que es un complot. Todos me han decepcionado. Y lo veo a él. Sobre todo a él. Intento imaginar su rostro empapado por las lágrimas, pero algo en mí me devuelve  la realidad. Una bofetada que sabe que eso nunca sucederá. Ya me lo dijo, olvidada para siempre.
Otra escena me abarca:
-Me gustas.
No me lo puedo creer. Estoy en el dormitorio de David y me ha dicho que le gusto. Esto debe ser una alucinación.
-¿De verdad?
-Sí.
Le miro a los ojos, y me pierdo en ellos. Esos ojos del color de la coca-cola, como dice la canción.
-Tú también me gustas.
Sonríe. Y lo imito. Estamos sentados en la cama. Más cerca de lo que solemos estar.
-¿Crees que podríamos ser novios?
-A lo mejor. ¿Lo intentamos?
-Vale. Entonces tenemos que besarnos, ¿no?
-Eso creo.
Se acerca a mí gateando sobre la cama. Estoy nerviosa. Impaciente. Nuestras frentes se tocan. Luego, nuestras narices. Y finalmente, nuestros labios se unen en un sutil e inocente beso. Segundos en los que todo tipo de emociones me invaden.
No fue muy romántico, pero teníamos catorce años y éramos de lo más inocente que quedaba de nuestra edad. Las lágrimas inundan mis mejillas, ahora sonrojadas por el recuerdo. Todo era fácil. Todo se resolvía rápido y sin dolor. Tiempos felices en los que la frustración no cabía en mi corazón.
Vuelvo a asomarme. Un coche con altavoces anuncia la visita a la ciudad de Marc Zuckerberg, el creador de Facebook. Otro recuerdo toma mi cuerpo.
Es nuestro octavo mes de rollo. Aunque dijimos de ser novios, no hemos llegado a nada. Solo amigos que quedan y acaban enrollándose, algún regalo, muchas bromas,…
Estamos viendo “La red social”. Una película sobre Facebook. Estamos cogidos de la mano y tirados en el sofá de la buhardilla. La película se acaba.
-¿Te ha gustado?
-Sí, es muy buena.
-Si. Oye, quería decirte una cosa.
-Ah, adelante.
-¿A ti te gusta estar así conmigo?
-¿Así cómo?
-De rollo.
-Sí, eres un sol. – Sonrío, le saco la lengua y me tumbo al lado de él.
-Pero… ¿Crees que esto podría ir a más?
-¿Quieres decir formalizarlo?
-Sí.
No respondo. No quiero decirle que no, pero tengo miedo a decirle que sí y que se asuste.
-Pues… - Al ver que no contesto sigue.– No quiero que te asustes – Gira el cuerpo hacia mí y apoya la cabeza en la mano. – Me divierto mucho contigo, nunca me canso de que estemos juntos aunque sea para tirarnos en el sofá. Además, cuando nos enrollamos… Me parece que se olvidan los problemas. – Ya no sonrío. Lo miro fijamente, esperando a que siga. – Creo que te quiero.
-¿Qué me quieres? – Estoy atónita. Durante este tiempo me ha parecido que somos más amigos que otra cosa.
-Sí… ¿Quieres que empecemos de verdad? A ir más en serio, digo.
Me he quedado a cuadros, pero estoy eufórica al mismo tiempo. Tengo ganas de gritarle que sí, pero no me salen las palabras. Asiento con la cabeza y le susurro que sí. Una sonrisa le invade la cara. Enseña los dientes, y eso lo hace aún más sexy. Me giro y acabo encima de él, sobre su pecho. Le paso la mano por la frente, apartándole el flequillo.
-Guapo.
Le doy un beso en la nariz y se ríe. Apoyo la cabeza en el hueco de su cuello.
Mierda. Me estoy poniendo peor. No puedo acabar así. Mis padres no se lo merecen. Me bajo del poyete y vuelvo a entrar en el edificio. Bajo en el ascensor y entro en casa. No hay nadie. Voy a mi dormitorio y rebusco entre mi desorden personal. Encuentro un par de folios y un bolígrafo, y empiezo a escribir. Mis dedos se mueven ágilmente. Termino pronto, no voy a torturarme escribiendo a todas esas personas que me han fallado. Bueno, a él sí. Quiero explicárselo todo, porque aunque ya no le importe, una vez lo hice, y creo que se merece saber por qué hago esto.
“Para David: Sólo he encontrado una razón por la que hago esto. Somos frágiles, y yo lo soy demasiado como para aguantar esta situación. Estoy sola y me he dado cuenta. Sola, sin nadie. Nadie que consiga convencerme de que me quiere, de que me protegerían o me ayudarían. No quiero que pienses que es culpa tuya, pero esto empezó cuando me enamoré de ti. Dejé a mis amigos de lado para estar contigo. Los abandoné. Y cuando tú me abandonaste a mí, era demasiado tarde como para volver atrás. Espero que seas muy feliz. Te quiero.”
Dejo el papel sobre la mesa. Lo verán pronto.
Salgo de casa. Mientras que subo la escalera me doy cuenta de una cosa. ¡No puedo hacerlo aquí! Si fuera mi prima la que me encontrase… ¡Por qué tenía que ser mi vecina! Mierda, tengo que ir a otro sitio.
Salgo del edificio y me dirijo hacia las afueras de la ciudad. Hay un edificio abandonado que valdrá. Camino arrastrando los pies. No sé si estoy segura de querer llegar a mi destino. Pero… ¿entonces cómo sé que de verdad quiero hacerlo?
Más recuerdos.
Estoy de mala leche y no sé cómo arreglarlo… Desde que he discutido con la niñata esa esta mañana, estoy a límite.
Llaman al timbre. Me levanto de la cama y voy hasta el telefonillo.
-¿Quién es?
-Soy David. ¿Está Naiara?
-Sí, soy yo. Estoy sola.
-¿Puedo subir?
-Claro.
Pulso el botón que abre la puerta. Enseguida, él está arriba.
-Hola, preciosa.
Se acerca a mí y me besa cariñosamente. Siento que no tengo fuerzas ni para contestarle.
-¿Qué película es? – señala a la pantalla del televisor que cuelga de la pared.
-“Rumores y mentiras”. - Se sienta en el sofá. - David, está mañana me he peleado con una “amiga” tuya.
-¡¿Qué?!
-Me ha dicho que se llama Marta.
-¿Marta?
-Sí.
-¿Pero qué ha pasado?
-Cuando estaba a punto de entrar en clase, me ha parado en la puerta. Me ha preguntado que quién era, y que por qué te acoso. También me ha dicho que soy una zorra y que te como el coco. – se me hace un nudo en la garganta. - ¿Quién es, David?
-Es… Es mi ex. – se me abre la boca de pura sorpresa.- Según me han dicho, no superó la ruptura y  sigue empeñada en contar que aún estamos juntos.
-¿Qué…?
-Pero no es verdad. Ya lo sabes. Yo te quiero a ti, ella es historia.
-David… Esa tía va diciendo cosas por ahí. ¡Y tú lo permites!
-¡¿Qué?! ¿Pero qué quieres que haga yo?
-Yo qué sé… Sólo quiero saber que esto es de verdad.
-Pero no te fías de mi palabra. Te dije que quería formalizarlo porque te quiero.
-Vamos, David. Todos conocemos tu pasado, y no es que fueras muy monógamo, la verdad.
Su expresión de enfado cambia a la de decepción.
-¿Esa es la imagen que tienes de mí?
-No. Yo no quiero decir… -Se da la vuelta y se va. Voy detrás de él- ¡David! De verdad, que no.
-Déjalo.
Da un portazo y me deja allí. Joder, la he cagado. Mierda, mierda, mierda.
La primera pelea. Y no la más dolorosa, pero casi.
Esa noche no dormí. Los remordimientos no me dejaron pegar ojo. Pero unos días después, se aclaró todo. Aunque no tenía por qué, David me regaló una cita romántica en un hotel de spa. Obviamente a nombre del padre, y con permiso de este.
Me escribió un poema. Y sé perfectamente que lo hizo él. A partir de ese día no dudé nunca más de él en esos temas.
Llego al edificio casi en ruinas. Mi cuerpo se estremece. Otra escena más me aborda como una ola gigante.
-¿De verdad?
-Totalmente. – David ha conseguido reservar una habitación en un hotel por nuestro aniversario. (No me gusta esa palabra, suena a viejo) Dos años ya. – Pero solo podemos pedir comida y esas cosas. El ocio del hotel no entra en el lote. Me sonríe y me coge la barbilla con dos dedos.
-Eres un príncipe. Mi príncipe.
-Anda ya…
-Bueno, pues voy  ducharme. ¿Me esperas aquí?
-Sí.
-Pon la tele si quieres.
-Vaaale. Venga, anda. Dúchate
-Voy. No te duermas.
-No tardes y no me dormiré.
Sonrío y me meto en el baño.
Al rato salgó bañada, vestida y lista para irme.
-¿Nos vamos?
-Sí.
Nos montamos en su moto, y vamos hacia el hotel. Cuando llegamos, un hombre nos aparca la moto y subimos a la habitación. Vamos cogidos de la mano hasta la puerta. Él pasa una tarjeta por un aparato y abre. Al entrar, un olor a rosas y a velas perfumadas me sorprende.
-Vaya…
La habitación está llena de jarrones con rosas, velas y la comida está servida. Cenamos mientras hablamos de todo. La carne está estupenda. Esto le habrá salido por un ojo de la cara. Cuando terminamos el festín, nos tiramos en la cama gigante que ocupa casi la mitad de la  habitación.
-Eres genial.
-Tú eres más genial, por eso he hecho esto.
-¿No lo has hecho porque me quieres? – bromeo.
-No. Lo he hecho porque te amo.
-Ven aquí. – palmeo el hueco que hay en la cama a mi lado. Él se acerca y se tumba, rodeándome con los brazos. – No puedo creer que esto esté pasando de verdad.
-Va, créetelo. Que me lo he currado, la habitación la he preparado yo.
-Sí, hombre.
 -Vale, me has pillado.
Se gira y acaba encima de mí. Hace presión, pero no pesa. Me besa, de una manera que nunca había notado tan claramente. Un extraño calor me recorre las venas. Y un hormigueo juega en mi estómago. Es… ¿deseo? Seguimos besándonos. Sus labios bajan hasta mis hombros y suben hasta mi cuello. Un agradable escalofrío me atraviesa. Meto las manos bajo su camiseta y le acaricio la espalda, y luego el pecho definido y los abdominales. Desde que entró en el club de tenis hace un mes, su  cuerpo se está haciendo irresistible. Mis manos se mueven solas. Le quito la camiseta casi sin darme cuenta de que lo he hecho. Le beso el pecho desnudo. Él me imita y me quita la blusa. Sus cálidas manos recorren mi cuerpo.
-David…
-¿Qué? ¿Quieres que pare? – noto el nerviosismo en su voz. Está aún más alterado que yo.
-No, no. Quería decirte…
-¿Qué era? – pregunta al ver que no acabo mi frase.
-Creo que estoy lista para llegar hasta el final.
-¿De verdad?
-Sí. ¿Y tú?
-Estoy nervioso, pero sí.
Le rodeo el cuello con los brazos para atraerlo hacia mí y seguir probando sus labios.
-¿Tienes protección?
-No… Pero probablemente habrá aquí, ¿no?
Se levanta y desaparece tras las puertas del baño. La luz de las velas se refleja en su espalda y en su pelo. ¡Dios mío! ¡Voy a hacerlo con David! No me lo termino de creer aún. Enseguida, vuelve a mi lado con un paquetito cuadrado en la mano.
-¿Segura?
Asiento firmemente con la cabeza. Sé que si hablara, se notaría el nudo de mi garganta, y él no querría seguir, pensando que no estoy completamente segura de esto.
Vuelve a estar encima de mí, besándome con más fuerza que antes. Me quita los pantalones y después se quita los suyos. Mi piel arde cuando nuestros cuerpos entran en contacto. En un instante que me parecen horas, todo ocurre. Noto como nuestras respiraciones se entrecortan y mi pulso se acelera descomunalmente. Nuestros cuerpos se mueven coordinados. Una sensación totalmente nueva para mí me invade. Tengo que reprimir un pequeño gemido al notar una punzada de dolor y de placer al mismo tiempo.
Momentos después, David se tumba a mi lado, cansado. Ha sido único, inolvidable. Sin planearlo, nunca habíamos hablado de llegar hasta aquí. Pero no me arrepiento en absoluto.
Subo hasta la primera planta de la construcción. Mi mente es un caos después de esta oleada de sentimientos. El viento me revuelve el pelo. Estoy en el único balcón que queda en pie. Mi pulso va rapidísimo.
-¡Naiara! – me giró hacia el lugar de donde viene el grito. – ¡Naiara, no!
-David. – mi voz es un susurro casi inaudible.
-¡Nai! – lo veo correr hacia mí.  Llega hasta debajo del balcón donde estoy. - ¿Qué estás haciendo?
-¿Qué haces aquí?
-¿Qué haces TÚ aquí? - Prefiero no responder. – Vi la nota en tu casa. Fui a buscarte para devolverte unas cosas. La puerta estaba abierta. Te he buscado por todos lados, Naiara.
-Vete.
-No, voy a irme.
-Voy a acabar con esto ahora. – doy un paso hacia adelante.
-¡No! ¡Por favor!
-No me queda nada, David. No tengo por lo que luchar. ¿Para qué seguir dando trabajo a mis padres?
-Por favor… - Los dos lloramos. – Ya sé que es por mi culpa.
-No lo es. Tomaste una decisión y tenía que aceptarla. Si no lo he conseguido, es por mí.
La voz me tiembla. Por mi cabeza pasan las imágenes de aquel día.
David vuelve hoy de un viaje de dos meses. Son las cinco y media. He quedado con él a las seis. Pero voy a subir ya. Llamo al timbre de su piso.
-¿Eres el de la pizza?
¿El de la pizza? Bueno, por gastarle una broma.
-Sí.
Oigo como pulsa el botón que abre la puerta. Subo las escaleras sonriendo. Seguro que le sorprendo. Golpeo la puerta con la mano. Y me abre.
-¡Hola!
-¿Na-naiara?
-Sí. ¡Sorpresa!
-¿Qué haces aquí?
-Hemos quedado.
-Sí, a las seis.
-¿Es que te molesta que tu novia quiera pasar media hora más contigo? – sonrío y le rodeo el cuello con los brazos.
-No.
-¿Qué te pasa? Te noto muy raro desde hace un par de semanas.
-Es que… Tengo que decirte una cosa. Vamos dentro. – está serio. Incluso triste.
Nos sentamos en el sofá. Le cojo la mano, pero él se queda quieto.
-¿Pasa algo malo?
-Naiara. Creo que tengo que ser directo. – empiezo a preocuparme. No sé por qué, le suelto la mano. – Yo no quiero hacerte daño, no quiero que sufras. Pero, creo que es mejor que lo dejemos.
Intento decir algo, pero no puedo. Mi corazón se desmorona, noto una punzada en el estómago. No puede ser.
-Solo lo hago porque, creo que ya no siento lo mismo cuando, estamos juntos. Y me siento culpable pensando que… Que tú te esfuerzas en que esto salga adelante, sin saber lo que me pasa.
Estoy llorando. Mucho. David me pasa los dedos por la mejilla, intentando quitar las lágrimas. Le aparto la mano con la mía. Me levanto del sofá, decidida a irme.
-Me voy.
-Lo siento.
-Adiós.
-Lo siento, de verdad.
Salgo del piso dando un portazo, aunque no sé de dónde he sacado fuerzas para hacerlo.
-Que no…
-David, vete. Por favor.
-¡¿Para qué te tires?! Joder Naiara, piensa un momento. Piensa en tu familia y en tus amigos.
-Ya no tengo amigos.
-¿Cómo qué no? ¿Y qué pasa con Paula? ¿Y con Mario?
-Les traicioné. Ahora estoy sola.
-¡Dios! ¡Pues hazlo por mí!
-¿Por ti? ¿Cómo tienes la cara dura de decirme eso? ¡Me rompiste el corazón! Dejé muchas cosas por ti, y tú cortaste conmigo.
-¡Lo hice porque no quería que vivieras engañada! Pero me he dado cuenta de que fui un capullo. No sé qué es lo que me pasó en aquel viaje, creía que ya no te quería. Pero me di cuenta de lo mal que estaba sin ti, de que te necesitaba.
-Para.
-¿Qué?
-Para de mentir.
-No estoy mintiendo. Sé que no quieres estar conmigo, pero no puedes hacer esto.
-Lo voy a hacer. Y si no te vas, será delante de ti. Vete, ahora.
-No.
-Vale. Lo siento.
Me inclino hacia delante. Una sensación de vértigo está apunto de pararme, pero no lo hace. Salto. Caigo en el vacío. Ya está. Lo he hecho.