miércoles, 8 de junio de 2011

Una de mis paranoias

Me conecto al chat, deseando que él esté. Pero no hay suerte… Está en modo ausente. Un poco triste por no encontrarlo, empiezo a ver fotos. Para ser más exactos, sus fotos. Y es que aunque sé que no debería quererlo tanto, no puedo evitarlo. Sé que lo nuestro no es ‘’nuestro’’ porque es imposible, y ese ‘’imposible’’ tiene nombre y apellidos. Sí, es ella, la tía buena del instituto que hace más amigos en un año de los que yo haré en los cuatro de E.S.O.
Pero bueno, vivo con la esperanza de que algún día se dé cuenta de que soy yo la que se preocupa por él, la que le ayuda con los estudios, y la que está enamorada, y no ella.
Miro la hora. Las cinco menos veinticinco. Decido abandonar. Voy a desconectarme ya. Pero justo antes de que le dé al botón, alguien me habla.
‘’Hola! Q tal?? ‘’
¡Es él!
``Hola!! J Yo bien y tú?’’
‘’Bien bien. ’’
‘’Me alegro! :P’’
‘’Oye, t apetece hacer algo esta tard??’’
El corazón se me acelera. ¡¡Dios!! Pero no puedo parecer una facilona.
‘’Puede’’
‘’A las 5 en el parque del instituto? Podemos ir al cine o algo’’
‘’Me parece bien’’
‘’Genial, entonces hasta luego’’
‘’Sí. Adioss’’
Se desconecta. ¡¡¡Qué fuerteeeee!!! ¿Es una cita? ¡Sí, lo es!
Apago el ordenador y empiezo a dar saltos por mi habitación como una loca. Canto y bailo una rítmica canción inventada con la letra más simple que mi mente adolescente y frenética puede idear. ¡Ya soy feliz!
Me meto en la ducha a la velocidad de la luz, y me lavo más rápido aún. Corro liada en una toalla hasta mi cuarto y revuelvo el armario entero hasta que la encuentro. Aquí está. La sudadera que me regaló él por mi cumpleaños, cuando estábamos en el colegio. Me quedaba enorme, pero ahora me está perfecta. ¿Se acordará al verla? Puede. Espero. Es muy chula, pero si me encanta tanto es porque fue su regalo.
Me visto lo más monísima de la muerte que puedo, me peino, y me maquillo un poco, rollo natural. Me miró al espejo. ¡Listo! Son las cinco menos cinco. Cojo mi bolso preferido y guardo en él todo lo que creo que puede ser necesario.
Aviso a mis padres de que me voy mientras salgo de mi casa y cierro con un portazo. Cuando llego a la esquina… ¡Mierda! ¡El móvil! Me lo he dejado. Pero no puedo ir a por él, son las cinco en punto. Me arriesgaré al muy posible castigo por salir y volver tarde y no llevar el móvil, pero da igual.
Las cinco y tres minutos. Bien, sigo en la tardanza de cortesía al llegar al parque. Menos mal… Lo busco con la mirada. ¡Allí está! Que guapo… Me lo comía entero… Por favor, espero que esto vaya bien. ¿Y si solo quiere quedar como amigos? ¿O para luego encontrarse con ella? Aish… Me estoy poniendo nerviosa.
-¡Hola! – le grito
Me saluda con la mano y sonríe. – Hola, guapa.
¡¡Guapa!! J
-¿Llevas mucho esperando?
-No, no te preocupes. – Esta vez soy yo la que sonríe.
-¿Qué peli vamos a ver?
-Había pensado en una de miedo, La cuarta fase.
-Ah, sí. He visto el tráiler. Seguro que es buena.
-¡Eso espero! Por cierto, si te asustas y chillas o me agarras, ¿puedo reírme?
-¡Ni se te ocurra! – hago como que me enfado.
-Vaaale… No lo haré.
Sonrío y le saco la lengua, haciendo una mueca.
Y él me imita. Nos reímos. Nos reímos juntos.
Entramos al cine que hay enfrente del parque. Hay poca gente, menos mal. Compramos las entradas, y cómo falta mucho tiempo, decidimos ir un rato a los recreativos.
-Te reto a una partida de billar. – le sonrío desafiante.
-Acepto, y además ganaré.
-Oh, ni lo sueñes.
Preparamos la partida y empezamos. Él mete las dos primeras bolas, y se burla bromeando de mí.  Pero entonces me da por concentrarme y entro en racha. Consigo meter cuatro bolas seguidas como una experta.
-Bueno, bueno. Puede que tengas que tragarte tus palabras.
-Puede…Y, si ganas, te invito al burguer, ¿te apetece?
-¿En serio?
-Palabra.
-Claro. Prepara el dinero. – me rio y seguimos con la partida.
Después de media hora jugando, me proclamo ganadora, y por lo tanto invitada a cenar. Aunque existe una gran probabilidad de que me haya dejado ganar…
Subimos al cine, y después de comprar palomitas y refrescos, entramos en la sala. Buscamos nuestras butacas y nos sentamos justo cuando apagan las luces para proyectar los tráilers. 
-Espero que te de mucho miedo.
-¿Por qué? ¿Te divertiría verme asustada?
-También, pero lo decía para que intentaras raptar a mi brazo, ya sabes, lo típico.
-Soy lo suficientemente valiente como para no agarrar a nadie.
Pero me equivocaba. He estado toda la película muerta de miedo. Dando saltitos en la butaca en los peores momentos, y deseando saltar encima de él. Y en el momento más terrorífico de la proyección, no he podido evitarlo y le he agarrado la mano. Intenté soltarlo en cuanto me dí cuenta, pero él no me dejó. Me miró, se rió y siguió sujetándome la mano.
Salimos de la sala, bromeando.
-En serio, no me he asustado.
-¿Qué no? ¡Pero si estabas temblando!
-¡Mentira! – le pego en el hombro sin mucha fuerza.
-Vale, vale. Solo te has asustado cuando me has cogido la mano.
-Bueno, ahí sí. ¡Pero tú también!
-¿Qué? ¿Yo? ¡Qué va!
-¿Y por qué no me soltaste? – digo esperando cualquier excusa tonta.
-Porque quería que siguiéramos cogidos de la mano.
No tengo respuesta con la que contraatacar. Notó como se sonrojan mis mejillas y el pulso se me acelera.
-Bueno, vamos a cumplir mi promesa ¿eh?
Asiento con la cabeza. Aún estoy perpleja.
Paseamos hasta llegar al burguer más cercano. Nos sentamos y pedimos. Charlamos hasta que llega la comida y luego comemos con hambre. Nos hemos confundido con el tamaño del paquete de palomitas y nos ha sabido a poco.
Al acabar, voy al baño para arreglarme un poco el pelo, y luego nos vamos.
-¿Quieres ir al parque a dar una vuelta o a tomar un helado?- le pregunto y al segundo me arrepiento, pensando en la posible negativa por su parte.
-Buena idea. Tengo antojo de helado.
Mientras andamos, se me viene a la cabeza ella, la chica popular. Resulta que al final no tenía nada que ver con esto. Pero, eso no significa que yo le guste a Marcos. O sí, porque esto parece una cita en toda regla. No sé… Y no sé si quiero saberlo.
Llegamos al parque y compramos un helado cada uno. Vamos hasta un banco y nos sentamos.
-Prueba. – miro hacia él, está ofreciéndome probar su helado, con su cucharilla. Saboreo su helado, está buenísimo.
-Mmm… Que rico. Ahora tú. – hago lo mismo que él, solo que esta vez es mi helado de turrón. Y cuando está a punto de llevárselo a la boca, muevo la cucharilla para mancharle la punta de la nariz. Sonrío maliciosa y bromista al mismo tiempo.
-¡Ah! ¡Está frío! ¡Serás…!
Me levanto del banco y echo a correr mientras me persigue. Está a punto de alcanzarme. Él hace un último esfuerzo y consigue agarrarme y llevarme casi en volandas hasta el césped.
-¡Ay!
-Venganza.
-¡No!
Inevitablemente, me mancha la mitad de la cara con su helado.
-¡Ah! ¡Yo no he sido tan mala! – consigo decir entre risas.
-Toma, anda. Límpiate. – me pasa unas cuantas servilletas. Me limpio  y, por suerte, no estoy pegajosa.
-Eres malo… - digo intentando enfadarme, pero no puedo evitar sonreír.
Me mira riéndose en la oscuridad de la noche. Y no aparta la mirada de mis ojos. Ni yo tampoco. Estoy nerviosa, pero es como si un imán me impidiera dejar de admirarle.
Suena su móvil. Un mensaje que rompe la magia del momento. Lo lee serio.
-¿Algún problema?
-Que va. Es Sonia.
-¿La que está en nuestra clase?
-Sí. Lo ha dejado con su novio y ahora no me deja en paz.
-Pero… ¿A ti te gusta ella?
-Reconozco que la chica es muy mona y eso, pero no. A mí me gusta otra que le dá dos mil vueltas.
-¿Quién es?
-No te lo puedo decir. Soy incapaz. Me da corte.
-¿De mí? Pero si hemos sido como hermanos.
-Pero… Bueno, ya te lo diré. ¿Y a ti?
-¿A mí qué?
-Que quién te gusta.
-Te lo digo si tú me lo dices.
-Vale.
¡Soy tonta! ¿Cómo narices he llegado hasta aquí? ¡No controlo mis actos!
-Pues… - se me hace un nudo en la garganta, me cuesta respirar y no consigo hablar. Me sonrojó lo suficiente como para que él lo note.
-Te estás poniendo colorada. – sonríe – Si no quieres decirlo no pasa nada, ¿eh?
-Me gustas tú, Marcos. – No sé cómo he podido decírselo, pero al hacerlo todo empieza a darme vueltas, aunque intento seguir consciente al menos.
-¿De verdad?
-¿Te lo diría si no lo fuese? – me quedo mirándolo, su mirada demuestra que está confuso, sorprendido. Mierda, ¿qué he hecho? – Y-y ¿a ti? – tartamudeo a causa de los nervios.
-A mí, Cristina.
-¿Cristina? ¿Qué Cristina? – sorprendentemente hay tres chicas llamadas Cristina en mi clase, y alguna más habrá en el resto de cursos.
-Cris.
-¿Cris? Si no especificas, no voy a enterarme.
Se acerca a mí andando con las rodillas, manchadas por el césped. Yo sigo inmóvil hasta notar su respiración. Me hecho hacia atrás y me siento cruzando las piernas, impaciente.
-Cris, tú.
¿Qué? ¿En serio? No me lo puedo creer. Esto es una broma o algo por el estilo.
-¿YO? – él afirma con la cabeza. Está más cerca de mí.
Noto su aliento en mis labios. ¿Quiere besarme?
Está de rodillas, apoyando sus manos en mis muslos. Apoya su frente en la mía. Respiramos a la vez, nerviosos. Dudo que sea su primer beso, pero yo tengo cero experiencia. Mis manos se mueven solas, agarro las solapas de su chaqueta. Y siento que solo existimos nosotros dos. Nuestras narices se rozan y nuestras bocas están a escasos centímetros. Y es él el que lo hace. Me besa. Primero suavemente. Poco a poco nos sumergimos en el beso, es más intenso. Separamos los labios a la vez y los volvemos a unir.
-Te quiero. – le susurro, temblándome la voz.
Me mira y sonríe, y vuelve a rozar mis labios. Tiro de él y nos caemos, tumbándonos en el frío césped. Le acaricio el pelo y el cuello, y le beso con pasión, descargando los sentimientos de estos años atrás, en los que descubrí que estoy enamorada de él.
Me pasa la mano por la frente, apartándome el flequillo. Me da un beso rápido, un pico.
-Es tarde, tenemos que volver.
-¿Qué hora es?
-Las doce menos cuarto.
-Jo… No quiero irme.
-Yo tampoco, pero todavía mis padres tienen poder sobre mí. – sonríe otra vez, feliz.
-Vaaale…
Se levanta y me ofrece la mano para ayudarme a levantarme.
Paseamos bajo la luna casi invisible, es una noche oscura, pero preciosa. Llegamos a la puerta de mi casa.
-¿Te lo has pasado bien, Cris?
-¿Tú que crees? Ha sido una tarde increíble. Sobretodo el final.
-Me alegro. Que pena que haya terminado.
-Tranquilo, nos quedan muchas tardes por vivir, somos jóvenes. – nos reímos, aunque no tiene gracia, pero… - Me voy. ¿Te veo mañana?
-Mañana no puedo. Voy al pueblo de mis abuelos a visitarlos, vuelvo tarde. Pero nos vemos el lunes en clase ¿vale?
-Sí. – me acerco a él y le beso en la mejilla con cariño. – Adiós guapísimo.
-Adiós, Cristi. Hasta el lunes.
Entro en mi casa feliz.
Suelto el bolso y me quito la sudadera, acalorada.
-¡Ya estoy aquí!
Ando hasta el salón. Mi padre ve la televisión, baloncesto, y mi madre sostiene una revista entre las manos.
-¿Te parece que estas son horas de volver? – mi madre está enfadada. - ¿Y tu móvil? Te he llamado mil veces.
-M-me lo he olvidado aquí…
-¿Qué te lo has olvidado?  ¿Para eso querías que te lo comprásemos?
-Lo siento, mamá…
-Lo siento, lo siento. – mi padre entra en la discusión.
-Papá…
-Estás castigada. – su voz seria y profunda hace ademán de asustarme, pero no lo consigue. -Dos semanas sin salir.
-¿¡Qué!?
-No sabes el susto que nos has dado.
-Joder… - me rindo, no puedo hacer nada contra ellos.
Subo a mi habitación, triste y enfadada. Doy un portazo y me dejo caer en la cama boca arriba. Enciendo el ordenador y entro en Tuenti. Sin novedades. Me conecto al chat, en busca de alguien que me entienda y que quiera escucharme.
Mis amigas no están conectadas. Solo veo el nick de algunos de mis primos. Y el suyo: “Buena tarde. La mejor compañía posible.”  ¿Lo dirá por mí? Por quién iba a ser si no.
Voy a hablarle. Pero no sé qué decirle… ¿Qué se supone que somos después de esta noche? Creo que haré como si nada.
“Hola!”
Tarda en contestar. Espero impaciente.
“Buenas! Q tal?”
“Bien, cansada, y tú?”
“Muy bn J
Vale. Por ahora bien. Pero no sé cómo seguir la conversación.
“Mañana no voy a estar. Pero, qieres qdar el lunes?”
“El lunes? Sabes q el martes tenemos un examen final no?”
“Qué??!!!! … :O”
“Sí, de mates. Además, estoy castigada…”
“Xq, gamberra? :P”
“X llegar tan tard a casa. Y x no coger el móvil. L
“Vaya… L
“Ya…”
“Escápate”
“eee?? ¬¬’’
“No, mejor no. Matarías a tus padres de un ataque al corazón.”
“Probablemente xD”
J
“Bueno, tengo que irme. Es tarde y si me pillan conectada a estas horas…”
“Vale. El lunes nos vemos.”
“Sí, adiós.”
“Ah, Cristina”
“Q?”
Vuelve a tardar en escribir.
“Nada,  creía q me había olvidado las gafas d sol en tu bolso. Pero ya las tengo.”
“Ah, ok. Ciao!”
“Adiós”
Me había hecho ilusiones. Creí que me iba a decir que me quiere. Cualquier cosa por el estilo me hubiera hecho rebosar alegría. Pero bueno, es muy pronto. Ni siquiera sé lo que somos, solo que le gusto.
Me desconecto del chat y apago el ordenador. Me pongo el pijama y me refugio en mis sábanas suaves y frías. Que sueño… Apago la luz, y al instante, mis parpados se cierran.

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